Hace poco me topé con uno de esos reels nostálgicos de «la vida antes de las redes sociales»: chavales comprando vinilos, parejas en el autocine, gente hablando por teléfono fijo enroscando el cable en el dedo. 148 mil me gusta. Y en los comentarios, la misma frase repetida una y otra vez: «lo que daría por volver a eso». Ahí pensé: espera, si tanta gente lo echa de menos, ¿por qué no vuelve a eso, aunque sea un rato?
Y ahí es donde entra una palabra que me hace mucha gracia: JOMO, el «placer de perderte algo» (Joy Of Missing Out), la némesis del archiconocido FOMO. Mientras el FOMO te tiene mirando el móvil por miedo a perderte el plan de otros, el JOMO es la sensación de estar tan a gusto en tu sofá, sin plan, sin notificaciones, que ni te acuerdas de mirar qué hacen los demás.
Vale, pero ¿esto no es simplemente «no tener ganas de salir»?
No exactamente, y esta diferencia me parece importante. El JOMO no es pereza ni aislamiento, es una decisión consciente. La clave está en el disfrute activo del «quedarte», no en la evitación por ansiedad. Un estudio académico reciente (Barry et al., 2023, sobre JOMO y su relación con el uso de redes sociales, la autopercepción y la salud mental) apunta en una dirección clara: cuanto más JOMO, mejor gestión emocional y menor ansiedad asociada a redes sociales.
Así que no, no es lo mismo quedarte en casa porque te da pereza salir y te sientes mal por ello, que quedarte en casa y disfrutarlo sin más. La diferencia no está en el sofá, está en la cabeza.
El mito que quiero desmontar (con cariño)
Aquí va mi zasca del día: llevamos años vendiéndonos que «estar disponible» es sinónimo de tener una vida plena. Que si no publicas el plan, es como si no hubiera pasado. Pues resulta que el JOMO viene a decir justo lo contrario: priorizar el bienestar personal sobre la necesidad de estar constantemente conectados o disponibles es, de hecho, más sano.
Y no hace falta convertirse en ermitaña ni tirar el móvil al mar. Va de cosas tan sencillas como dar un paseo escuchando música, tocar la guitarra a solas en casa o leer esa saga que tienes pendiente — planes que te hacen sentir de maravilla pero que, seamos sinceras, jamás subirías a una story porque no son lo suficientemente «instagrameables». Y ese es justo el punto: el JOMO empieza donde termina la necesidad de demostrar que lo estás pasando bien.
Ojo, que el JOMO tampoco va solo de estar sola. Se me ha ido la mano contándotelo así, pero también es tumbarte con tu pareja en el sofá sin ningún plan mejor que ese, es un domingo entero en pijama con tus hijos sin sentir que «deberíais estar haciendo algo», es decirle que no a esa cena con gente para quedaros los dos solos en casa. El JOMO relacional existe, y muchas veces es el que más falta nos hace: elegir a la gente de siempre, en el sitio de siempre, sin necesidad de que sea especial ni fotografiable para que cuente.
Por qué es un buen momento para probarlo (en cualquier época)
Cualquier temporada tiene su versión de FOMO: en verano son las playas y los viajes ajenos, en septiembre son los propósitos de los demás, en Navidad son los planes perfectos de otras familias. Siempre hay algo que comparar. Y aquí va mi consejo de psicóloga aburrida pero efectiva: prueba a dejar el móvil en otra habitación una tarde entera y comprueba qué se siente al no saber qué está haciendo nadie. Spoiler: la primera media hora es rara. La segunda, un descanso que no sabías que necesitabas.
Algunas formas concretas de meterle mano al JOMO sin dramas:
- Elige un «no plan» a la semana, y defiéndelo como defenderías cualquier otro compromiso. No está «libre», está ocupado contigo misma.
- Aprende a decir que no sin explicarte tanto. Un «esta vez paso» es una frase completa, no necesita justificación de tres párrafos.
- Cuando notes el impulso de mirar qué hacen los demás, pregúntate: ¿esto es curiosidad sana, o es que no estoy disfrutando de lo que tengo delante ahora mismo?
Cuando el JOMO no es tan JOMO
Y aquí va mi matiz de siempre, porque no me fío de las tendencias que se cuentan solo por su lado bonito. Hay una línea fina entre «elijo quedarme porque me apetece» y «me quedo porque cualquier plan me genera ansiedad, y lo llamo JOMO para no verlo». La diferencia está en cómo te sientes después: si sales de tu tarde de sofá con energía y ganas, es JOMO. Si evitas quedar con gente por miedo, por pereza que en realidad es otra cosa, o porque cada vez te cuesta más salir de casa, eso ya no es «el placer de perderte algo», es evitación con muy buen marketing.
No pasa nada por dudarlo, y tampoco pasa nada por pedir ayuda si sospechas que es lo segundo. Diferenciarlo a veces es más fácil desde fuera que desde dentro.
Lo que de verdad importa
No se trata de rechazar los planes ni de convertir el JOMO en una nueva bandera con la que sentirte superior a quien sí publica su verano en redes. Se trata de recuperar algo mucho más simple: que tu tarde de sofá, silencio y nada especial pueda ser tan válida y tan disfrutada como cualquier plan que sí sale en una foto. Esa era la vida antes de las redes sociales que tanto echamos de menos en los comentarios de un reel. Y la buena noticia es que sigue estando disponible, cuando queramos volver a ella.
Ana Camacho. Psicóloga General Sanitaria — Col. CV15735 611 193 187
«Si me necesitas, silba»
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