No siempre. No en todos los casos. Y no podemos convertir cada muerte por suicidio en la historia de un culpable. El suicidio es un fenómeno complejo y multicausal y no existe una única explicación ni una única intervención capaz de garantizar que una muerte no ocurra.

Pero tampoco podemos utilizar esa complejidad como excusa para no revisar nada.

Porque hay veces en las que se pudo hacer más.

Y el caso de Sandra es un ejemplo que no deberíamos pasar por alto. La propia Audiencia Provincial de Sevilla ha considerado que la actuación del centro educativo fue «deficitaria e insuficiente». El tribunal ha archivado la causa penal porque no considera acreditada una relación de causalidad penal directa entre las actuaciones del colegio y la muerte de Sandra, pero eso no convierte una actuación insuficiente en una actuación adecuada.

Si un centro conoce una situación de acoso, recibe información sobre el deterioro psicológico de una menor y, aun así, no activa los mecanismos previstos para protegerla, creo que tenemos derecho a decir algo muy sencillo: se podía haber hecho más.

Y con Olga me ocurre algo parecido. Una mujer de 54 años, en una situación de vulnerabilidad económica, amenaza con quitarse la vida la noche anterior a su desahucio. Se activa el protocolo de riesgo suicida, es trasladada a urgencias y, aun así, el desahucio sigue adelante. Cinco meses después, Olga muere por suicidio.

No sabemos —y sería irresponsable afirmarlo— que detener aquel desahucio hubiera evitado su muerte. Pero sí sabemos que el riesgo era conocido. Sabemos que había intervenido el sistema sanitario. Sabemos que existía un protocolo específico de riesgo suicida. Y sabemos que, pese a todo ello, una de las circunstancias que estaba haciendo insoportable su vida siguió adelante.

Y entonces la pregunta deja de ser únicamente qué tratamiento psicológico recibió esa persona.

La pregunta es también qué hacemos cuando sabemos que alguien está en riesgo y, al mismo tiempo, seguimos dejando intactas las condiciones que están haciendo que su vida resulte insoportable.

Porque la salud mental no vive separada del resto de nuestra vida. No puedes decirle a alguien que se regule, que respire, que pida ayuda y que confíe en el futuro mientras pierde su casa, vive una situación de violencia, está siendo acosado todos los días o se encuentra completamente solo.

A veces no necesitamos solamente una consulta de salud mental. Necesitamos protección, vivienda, seguridad, acompañamiento y una red capaz de sostener a la persona cuando su vida se está desmoronando.

La prevención del suicidio no puede limitarse a atender la mente de una persona mientras dejamos intacto aquello que está haciendo insoportable su existencia.

Y después están todas las personas de las que nunca sabremos nada.

No conoceremos sus historias, ni veremos sus fotografías, ni sabremos cuánto tiempo llevaban sufriendo. No sabremos si pidieron ayuda y no encontramos la manera de escucharlas, si pensaron que nadie podía ayudarlas o si simplemente llegaron a un punto que quienes estaban alrededor no supieron reconocer.

Pero sí sabemos algo: estuvieron aquí.

Tuvieron una vida, personas que las quisieron, lugares favoritos, miedo, deseos, días buenos y días horribles. Y merecen algo más que desaparecer de nuestra memoria detrás de una cifra.

Cuando termine septiembre, probablemente dejaremos de ver publicaciones sobre suicidio y volveremos a hablar de otras cosas. La vida continúa. Pero para las familias que han perdido a alguien por suicidio, septiembre no termina nada. El duelo continúa mañana, y pasado mañana, y dentro de seis meses, y dentro de diez años.

Por eso no quiero cerrar este mes hablando solamente de quienes tuvieron una historia conocida. Quiero acordarme también de los que no tenían una cara famosa: de quienes no tuvieron titulares, ni homenajes multitudinarios, ni una biografía pública. De quienes simplemente dejaron un vacío enorme en unas pocas vidas.

Porque una persona no vale más porque nosotros sepamos quién es.

Y una muerte no importa más porque haya ocurrido delante de una cámara.

Quiero que aprendamos a mirar antes, a preguntar, a escuchar de verdad y a tomarnos en serio un «no puedo más». Quiero que dejemos de esperar siempre a que alguien llegue al límite para empezar a actuar. Y también quiero que podamos mirar a nuestras instituciones y decirles algo muy sencillo: si sabemos que alguien está sufriendo, tenemos que hacer todo lo que esté en nuestra mano para protegerlo.

No podemos prometer que nunca volverá a morir nadie por suicidio. Pero sí podemos exigir que, cuando alguien pida ayuda, la respuesta no dependa de la suerte.

No quiero olvidarlos.

A los que conocimos y a los que nunca conoceremos. A los que tuvieron un nombre en los titulares y a los que solamente lo tuvieron en las bocas de quienes los querían.

Porque detrás de cada cifra hubo una persona.

Y todas las vidas importan.

No quiero olvidarlos.

A los que conocimos.

Y a los que nunca conoceremos.

A los que tuvieron un nombre en los titulares.

Y a los que solamente lo tuvieron en las bocas de quienes los querían.

Porque detrás de cada cifra hubo una persona.

Y todas las vidas importan.

Si me necesitas, silba. ♥️💜♥️

Ana Camacho Vidal-Abarca
Psicóloga General Sanitaria · CV15735
Kairós Psicología

Bibliografía y fuentes

  • Organización Mundial de la Salud (OMS). World Suicide Prevention Day 2026: Changing the narrative on suicide. El País
  • Ministerio de Sanidad. Descienden los suicidios en España por segundo año consecutivo. Datos INE 2024. Ministerio de Sanidad
  • Ministerio de Sanidad. Aprobada la creación del Observatorio para la Prevención del Suicidio. 31 de marzo de 2026. Ministerio de Sanidad
  • El País. “La Audiencia de Sevilla confirma el archivo de la querella contra el colegio donde Sandra Peña sufrió ‘bullying’, pero advierte de su actuación fue ‘deficitaria e insuficiente’”. 17 de septiembre de 2026. El País
  • Cadena SER. “Una mujer de 54 años de L’Hospitalet se suicida tras ser desahuciada”. 21 de septiembre de 2026. Cadena SER

Si tú o alguien cercano está atravesando una situación de riesgo: la Línea 024 ofrece atención a la conducta suicida. Es gratuita y funciona las 24 horas. En una emergencia vital inmediata, llama al 112.