Hay una pregunta que me hacen cada vez más:

“¿Tú haces EMDR?”

Y últimamente me la hacen personas que llegan a consulta o que me llaman directamente con esa pregunta, porque han visto hablar de esta terapia en redes sociales, han leído algo sobre ella o alguien se la ha recomendado.

Así que creo que merece la pena explicar qué es realmente el EMDR, porque alrededor de esta terapia circulan muchas ideas que van desde pensar que consiste simplemente en mover los ojos de un lado a otro hasta esperar que pueda “borrar” un trauma.

Y no.

El EMDR es una psicoterapia estructurada, desarrollada originalmente para el tratamiento de las consecuencias psicológicas del trauma, especialmente el trastorno de estrés postraumático (TEPT). Actualmente forma parte de las intervenciones psicológicas recomendadas por diferentes organismos y guías clínicas para el tratamiento del TEPT.

La American Psychological Association (APA), una de las principales organizaciones científicas y profesionales de la psicología a nivel internacional, lo incluye en su guía clínica de 2025 entre las intervenciones recomendadas para el TEPT. Por su parte, NICE (National Institute for Health and Care Excellence), el organismo público británico que desarrolla guías clínicas basadas en la evidencia, recomienda también el EMDR dentro del tratamiento del TEPT en adultos. La Organización Mundial de la Salud (OMS) lo contempla igualmente entre las intervenciones psicológicas que deben considerarse para adultos con TEPT cuando existe personal adecuadamente formado y supervisado.

Pero entonces, ¿qué ocurre cuando haces EMDR?

No, no consiste simplemente en mover los ojos

Esta es probablemente la primera idea que me gustaría desmontar.

Sí, durante algunas fases del procesamiento se utiliza estimulación bilateral, habitualmente mediante movimientos oculares, aunque también pueden utilizarse sonidos o estimulación táctil. Pero reducir el EMDR a eso sería como decir que una terapia consiste en sentarse en un sillón y hablar.

El movimiento de los ojos es una parte del procedimiento, no la terapia completa.

El protocolo EMDR está estructurado en ocho fases que incluyen la evaluación y planificación del tratamiento, la preparación, la identificación de los recuerdos o situaciones que se van a trabajar, el procesamiento y la evaluación posterior. Antes de llegar a procesar un recuerdo traumático, hay que valorar a la persona, establecer objetivos y trabajar recursos y estrategias que permitan afrontar la activación emocional que pueda aparecer durante el proceso. 

Por eso, cuando alguien me dice “quiero hacer EMDR porque tengo un trauma”, mi primera respuesta no debería ser coger una memoria y empezar a mover los dedos delante de sus ojos.

Primero hay que conocer a la persona.

Porque no todo trauma es un recuerdo concreto

A veces existe un acontecimiento claramente identificable: un accidente, una agresión, una intervención médica, una pérdida especialmente traumática, una situación de violencia, un episodio que puso en peligro nuestra vida o la de otra persona.

Pero otras veces hablamos de experiencias repetidas o prolongadas: años de maltrato, abandono, humillación, violencia psicológica, relaciones de control, experiencias infantiles adversas o situaciones en las que una persona aprendió durante mucho tiempo que no estaba segura.

Y esto importa mucho a la hora de trabajar.

Porque no todas las personas llegan a consulta con una imagen perfectamente delimitada de “el día en que ocurrió”.

A veces llegan con una reacción que no entienden.

Una determinada voz les activa.

Una situación les bloquea.

Una relación les despierta un miedo desproporcionado.

Un olor, un lugar, una forma de hablar o incluso una sensación corporal desencadena una reacción que parece pertenecer al presente, aunque la persona sepa racionalmente que aquello ya pasó.

Y entonces aparece una pregunta muy interesante:

“Si sé que ahora estoy a salvo, ¿por qué mi cuerpo reacciona como si no lo estuviera?”

El problema no siempre está en recordar

Cuando vivimos una experiencia muy perturbadora, la memoria de ese acontecimiento puede quedar asociada a emociones, sensaciones corporales, pensamientos y significados sobre nosotros mismos.

“Estoy en peligro.”

“No puedo confiar en nadie.”

“Fue culpa mía.”

“No puedo defenderme.”

“No valgo.”

“No tengo ningún control.”

Cuando algo del presente activa esa red de memoria, podemos reaccionar como si una parte de aquella experiencia siguiera ocurriendo.

Esto no significa que el recuerdo esté literalmente “guardado en una parte equivocada del cerebro” ni que el EMDR vaya a coger un archivo y colocarlo mágicamente en otro sitio. Esa explicación se utiliza mucho en redes sociales, pero es una simplificación excesiva.

Lo que sí sabemos es que el EMDR trabaja directamente con recuerdos perturbadores y que, durante el procesamiento, puede disminuir la intensidad emocional y la vividez asociadas a ellos y cambiar la forma en que la persona los experimenta. 

¿Entonces el EMDR borra los recuerdos?

No.

Y esto me parece especialmente importante decirlo.

No queremos que olvides lo que te ocurrió.

Queremos que puedas recordarlo sin que tu sistema siga reaccionando como si estuviera ocurriendo ahora.

Puedes saber perfectamente que alguien te hizo daño y seguir recordándolo, pero que ese recuerdo deje de llevarte automáticamente a la misma angustia, miedo, culpa o sensación corporal que aparecía antes.

El acontecimiento forma parte de tu historia.

Lo que puede cambiar es el lugar que ocupa dentro de ella.

No es lo mismo recordar algo que volver a vivirlo cada vez que aparece un estímulo asociado.

¿Y por qué los movimientos oculares?

Aquí también prefiero ser rigurosa.

Existen diferentes hipótesis sobre los mecanismos que pueden explicar los efectos del EMDR y se ha investigado específicamente el papel de los movimientos oculares y de la estimulación bilateral. La evidencia no permite decir que conozcamos de manera definitiva un único mecanismo cerebral que explique por qué funciona el EMDR, ni que los movimientos oculares sean, por sí solos, los responsables de todo el efecto terapéutico.

Lo que sí sabemos es que el tratamiento completo tiene evidencia de eficacia, especialmente para el TEPT, y que las guías clínicas lo consideran una opción terapéutica basada en evidencia. 

Y esta diferencia entre “sabemos que funciona” y “sabemos exactamente por qué funciona en todos sus detalles”es importante.

La ciencia puede demostrar que una intervención funciona antes de haber resuelto por completo todos los mecanismos que explican sus efectos.

¿Funciona solo para el TEPT?

Aquí también quiero poner un poco de orden.

El EMDR se utiliza clínicamente para diferentes problemas relacionados con experiencias traumáticas y acontecimientos perturbadores, pero la evidencia más sólida y las recomendaciones de las principales guías se concentran en el TEPT. Por eso no me parece responsable presentar el EMDR como una especie de tratamiento universal para cualquier problema psicológico.

Que una terapia tenga evidencia para una condición concreta no significa automáticamente que esa evidencia pueda trasladarse con la misma fuerza a cualquier otra.

De hecho, una revisión reciente sobre EMDR online encontró resultados prometedores para TEPT, ansiedad y depresión, pero también señaló limitaciones metodológicas importantes en buena parte de los estudios incluidos, como muestras pequeñas, ausencia de grupos de control y uso frecuente de medidas autoinformadas. 

Y decir esto no le quita valor al EMDR.

Al contrario.

Lo hace más serio.

No todo el mundo necesita EMDR

Otra cosa que me parece importante explicar, especialmente ahora que se habla tanto de esta terapia en redes sociales, es que no existe una terapia que sea la mejor para absolutamente todo el mundo.

Una buena evaluación clínica tiene que preceder al tratamiento.

Hay que saber qué está ocurriendo, qué mantiene el problema, qué recursos tiene la persona, qué necesita trabajar y qué tipo de intervención puede encajar mejor.

Y también hay que respetar algo que a veces olvidamos: la preferencia de la persona importa.

Las propias guías clínicas contemplan las preferencias del paciente a la hora de elegir entre tratamientos psicológicos con evidencia. En el caso del EMDR, NICE contempla específicamente la preferencia de la persona en determinadas situaciones de TEPT. 

Por eso, si alguien viene a consulta diciéndome “quiero EMDR”, mi trabajo no consiste simplemente en decirle que sí.

Consiste en escuchar por qué lo quiere, evaluar qué necesita y decidir conjuntamente si es adecuado.

Y quizá esta sea la parte más importante

El EMDR no consiste en hacerte olvidar.

No consiste en borrar.

No consiste en hacer desaparecer mágicamente aquello que ocurrió.

Y tampoco consiste únicamente en mover los ojos.

Es una psicoterapia estructurada que trabaja con recuerdos y experiencias perturbadoras para que aquello que ocurrió pueda dejar de tener el mismo poder sobre tu presente.

Porque una cosa es saber que algo terminó.

Y otra muy diferente es que tu cuerpo también pueda aprender que terminó.

A veces no podemos cambiar lo que nos pasó.

No podemos volver atrás.

No podemos conseguir que aquella persona no hubiera hecho aquello, que aquel accidente no hubiera ocurrido o que aquella infancia hubiera sido diferente.

Pero sí podemos trabajar para que el pasado deje de aparecer constantemente disfrazado de presente.

Y quizá eso sea, en el fondo, una de las cosas más bonitas de trabajar con trauma:

no borrar tu historia, sino conseguir que puedas volver a vivir sin que ella tenga que dirigir cada paso que das.

❤️💜❤️

Si me necesitas, silba.

Ana Camacho Vidal-Abarca
Psicóloga General Sanitaria | EMDR | Trauma | Violencia de Género
Colegiada CV15735
Kairós Psicología

Referencias bibliográficas

  • American Psychological Association. (2025). Clinical Practice Guideline for the Treatment of Posttraumatic Stress Disorder (PTSD) in Adults
  • World Health Organization. Guidelines for the Management of Conditions Specifically Related to Stress: PTSD – Psychological Interventions for Adults
  • National Institute for Health and Care Excellence (NICE). (2018, actualización). Post-traumatic stress disorder (NG116)
  • U.S. Department of Veterans Affairs / Department of Defense. (2023). Clinical Practice Guideline for the Management of Posttraumatic Stress Disorder and Acute Stress Disorder
  • Efficacy of Eye Movement Desensitization and Reprocessing for Posttraumatic Stress Disorder: A Systematic Review and Meta-Analysis of Randomized Controlled Trials Comparing Passive and Active Control Conditions(2026).