Hay momentos en los que la vida pesa. Estamos tristes, cansados, decepcionados, perdemos las ganas de hacer cosas y durante un tiempo todo parece costar más.
Y eso no significa necesariamente que tengamos depresión.
La depresión es algo diferente.
No es simplemente estar triste. Tampoco es tener un mal día, pasar una mala racha o “verlo todo negro” porque las cosas no están saliendo como queremos.
La depresión puede afectar a nuestra manera de sentir, de pensar, de relacionarnos y hasta de movernos por el mundo. Puede quitarnos el interés por cosas que antes nos gustaban, hacernos sentir agotados y llevarnos a pensar de una manera mucho más negativa sobre nosotros mismos, sobre lo que nos rodea y sobre lo que está por venir.
Y aquí es donde aparece uno de los modelos que más me gusta para entender qué ocurre cuando estamos deprimidos: la tríada cognitiva de Aaron Beck.
¿Qué es la depresión?
La depresión es un trastorno psicológico que puede aparecer de diferentes maneras y con distinta intensidad.
Uno de sus rasgos principales es la presencia de un estado de ánimo deprimido o una pérdida significativa del interés o del placer por las cosas durante un periodo prolongado. En un episodio depresivo, estos síntomas suelen estar presentes la mayor parte del día, casi todos los días, durante al menos dos semanas.
Pero la depresión no se queda únicamente en las emociones.
También puede aparecer dificultad para concentrarse, cansancio, alteraciones del sueño, cambios en el apetito, sentimientos de culpa o inutilidad, desesperanza y pensamientos relacionados con la muerte.
Por eso, cuando alguien me dice:
“Estoy triste, creo que tengo depresión”,
mi respuesta no suele ser tan sencilla como un sí o un no.
Porque estar triste no es lo mismo que estar deprimido.
Y porque para saber qué está ocurriendo necesitamos mirar el conjunto, cuánto tiempo lleva sucediendo, cómo está afectando a la vida de esa persona y qué otros síntomas están presentes.
La depresión también cambia nuestra forma de pensar
Aquí es donde Aaron Beck hizo una aportación fundamental a la comprensión y tratamiento de la depresión.
Beck observó que, cuando una persona está deprimida, no solamente se siente mal: también tiende a interpretar la realidad desde un filtro especialmente negativo.
No significa que se invente lo que le ocurre.
Significa que empieza a mirar lo que ocurre desde un lugar diferente.
Y ese filtro puede organizarse alrededor de tres ideas fundamentales: yo, el mundo y el futuro.
Es lo que conocemos como la tríada cognitiva de Beck.
La tríada cognitiva de Beck
1. Cómo me veo a mí: “No valgo”
La primera parte tiene que ver con la visión que tenemos de nosotros mismos.
Cuando estamos deprimidos pueden aparecer pensamientos como:
“No hago nada bien.”
“Soy un fracaso.”
“No sirvo para esto.”
“Soy una carga.”
“Los demás estarían mejor sin mí.”
No son simplemente pensamientos negativos aislados. El problema aparece cuando empiezan a convertirse en la forma habitual de interpretarnos. Y entonces cualquier error confirma que somos un desastre, mientras que nuestros aciertos parecen no contar demasiado.
2. Cómo veo el mundo: “Todo es una mierda”
La segunda parte tiene que ver con nuestra interpretación de lo que nos rodea.
Las relaciones, el trabajo, la familia, el futuro inmediato, incluso pequeñas situaciones cotidianas pueden empezar a percibirse desde una perspectiva negativa.
“Todo me sale mal.”
“Nadie me entiende.”
“Para qué voy a intentarlo.”
“Da igual lo que haga.”
“Las cosas nunca cambian.”
Y aquí ocurre algo curioso: cuanto peor nos encontramos, menos posibilidades vemos.
No necesariamente porque no existan, sino porque nos cuesta muchísimo encontrarlas.
3. Cómo veo el futuro: “Esto no va a cambiar nunca”
Y llegamos a la tercera pata.
El futuro.
Cuando aparece la desesperanza, podemos dejar de imaginar que las cosas puedan mejorar.
“No voy a estar mejor.”
“Esto va a ser así para siempre.”
“Ya no voy a volver a disfrutar de nada.”
“¿Para qué intentarlo si no va a servir de nada?”
Y esta parte es especialmente importante porque puede hacer que dejemos de hacer cosas que podrían ayudarnos.
Si creo que nada va a cambiar, ¿para qué voy a levantarme?
Si creo que voy a fracasar, ¿para qué voy a intentarlo?
Si creo que nada merece la pena, ¿para qué voy a salir?
Y poco a poco podemos entrar en un círculo que se alimenta a sí mismo.
Pensamiento, emoción y conducta: el círculo de la depresión
Una de las cosas que trabajamos en terapia cognitivo-conductual es precisamente esta relación entre lo que pensamos, lo que sentimos y lo que hacemos.
Imagina:
“Soy un desastre.”
Me siento triste, culpable o sin esperanza.
Dejo de hacer cosas.
Me aíslo.
Dejo de moverme.
Dejo de quedar con personas.
Dejo de hacer actividades que antes me gustaban.
Y entonces tengo menos experiencias positivas que puedan contradecir aquella idea inicial.
Me siento todavía peor.
Y el pensamiento “soy un desastre” parece todavía más cierto.
Así se puede construir un círculo depresivo.
Por eso, en terapia no se trata simplemente de decirle a alguien: “Piensa en positivo”.
Ojalá fuera tan fácil. No lo es.
Se trata de comprender qué está manteniendo el problema, trabajar sobre los pensamientos y creencias que están funcionando como filtros y, al mismo tiempo, recuperar progresivamente conductas y actividades que puedan ayudar a romper ese círculo.
La terapia cognitivo-conductual es uno de los tratamientos psicológicos eficaces para la depresión. También existen otros tratamientos psicológicos eficaces, como la activación conductual o la psicoterapia interpersonal.
No todo lo que pensamos cuando estamos deprimidos es verdad. Casi nada, o nada.
Esta es una de las cosas que más me interesa transmitir cuando hablamos de depresión.
Que pensemos algo con muchísima fuerza no significa que ese pensamiento sea necesariamente cierto.
Cuando estamos deprimidos, nuestra manera de interpretar la realidad puede estar muy condicionada por nuestro estado emocional.
Y por eso podemos llegar a conclusiones terribles sobre nosotros mismos, sobre nuestra vida y sobre nuestro futuro.
La terapia no consiste en sustituir un pensamiento negativo por uno positivo y repetirlo hasta convencernos.
Consiste en aprender a mirar de nuevo.
A cuestionar aquello que damos por hecho. A buscar evidencias.
A recuperar matices. A comprobar qué estamos dejando fuera de nuestra interpretación.
Y, poco a poco, a construir una mirada más ajustada a la realidad.
Entonces, ¿estoy triste o tengo depresión?
No todo sufrimiento es depresión.
Podemos atravesar una ruptura, perder a alguien, tener problemas laborales, vivir una etapa de estrés o sentirnos profundamente tristes sin que exista necesariamente un trastorno depresivo.
La diferencia no está únicamente en cuánto sufrimos.
También importa cómo, cuánto tiempo y cuánto está interfiriendo ese sufrimiento en nuestra vida.
Si llevas semanas sintiéndote sin energía, has perdido el interés por cosas que antes disfrutabas, te cuesta concentrarte, duermes o comes de manera diferente, te sientes inútil o sin esperanza y notas que cada vez te cuesta más funcionar en tu día a día, quizá sea el momento de pedir ayuda.
No tienes que esperar a estar completamente hundido para hacerlo.
Y, sobre todo, no tienes que demostrar que estás suficientemente mal para merecer ayuda.
La depresión se puede tratar
La depresión no es una cuestión de falta de voluntad, de ser débil o de “no poner de tu parte”.
Es un problema de salud mental que puede tener diferentes causas y en el que intervienen factores psicológicos, biológicos y sociales. Y, afortunadamente, existen tratamientos eficaces.
A veces necesitamos recuperar actividad.
A veces necesitamos trabajar nuestros pensamientos.
A veces necesitamos revisar una historia que llevamos demasiado tiempo arrastrando.
Y la mayoría, necesitamos varias cosas a la vez.
Porque detrás de un “no puedo más” casi nunca hay una única razón.
Hay una persona. Y esa persona merece que intentemos entender qué le está pasando.
Si crees que podrías estar pasando por una depresión, pedir ayuda psicológica puede ser un primer paso.
No tienes que saber exactamente qué te ocurre para pedir ayuda.
Para eso estamos.
Si me necesitas, silba. 💜♥️💜
Ana Camacho Vidal-Abarca
Psicóloga General Sanitaria · EMDR · Trauma
Colegiada CV15735
Kairós Psicología
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