Os queréis, os cuidáis, os reís juntos. Y aun así, estáis en una pareja sin sexo desde hace meses, sin que nadie lo haya decidido. Ni una discusión, ni un portazo. Simplemente, un día dejó de pasar.
Si estás en una pareja sin sexo, te diré lo primero: no eres la única persona. Lo segundo: que no haya sexo no siempre significa que algo vaya mal. Y lo tercero: casi nadie lo habla, así que cada cual lo carga en silencio, convencido de que es el único.
¿Es tan raro tener una pareja sin sexo?
No lo es. Un estudio con más de once mil personas en Gran Bretaña, publicado en BMJ Open en 2017, preguntó por la falta de interés en el sexo. En el último año, el 34% de las mujeres y el 15% de los hombres la habían sentido durante tres meses o más.
Pero hay un dato que casi nunca se cuenta. Solo una parte sentía malestar por ello: el 21% de las mujeres y el 8% de los hombres. Es decir, no tener ganas es frecuente, y no siempre es un problema. El problema aparece cuando a uno de los dos le duele, o cuando el silencio se convierte en distancia.
Son datos británicos, pero sirven para poner el tema en perspectiva.
Qué es el sexo en la pareja (y qué no)
Para mucha gente, «sexo» significa penetración y poco más. Pero el sexo en la pareja es también tocarse, besarse, jugar, mirarse y sentirse deseado. Es una forma de decir «me importas» sin palabras.
Por eso conviene preguntarse qué echas de menos de verdad. ¿El orgasmo? ¿La cercanía? ¿Sentirte elegida o elegido? A veces lo que falta no es el sexo, sino lo que el sexo significaba.
Y no hay un número mágico. Un estudio con más de 30.000 personas, publicado en 2016 por Amy Muise y su equipo, vio algo curioso. La felicidad subía con la frecuencia sexual hasta aproximadamente una vez por semana. A partir de ahí, no mejoraba. Ojo: es un estudio correlacional, no demuestra que el sexo cause la felicidad. Tampoco es una receta, y menos aún una obligación.
Por qué se apaga el deseo
Casi nunca hay una sola causa. Lo que sí aparece una y otra vez es esto:
- Estrés, cansancio y cuidados. Con el trabajo, los hijos y los padres mayores, el deseo se queda sin hueco en la agenda.
- Distancia emocional. En el estudio británico, quienes no se sentían cerca de su pareja durante el sexo tenían muchas más probabilidades de sentir falta de interés: casi cuatro veces más los hombres y casi cinco las mujeres.
- Dificultad para hablar de sexo. Si no se puede decir «esto me gusta» o «esto no», se acaba por no decir nada.
- Estado de ánimo y salud. Los síntomas depresivos, las enfermedades crónicas, algunos medicamentos o la menopausia influyen en el deseo.
Todo esto son asociaciones, no sentencias. Pero ayudan a no culparte por algo que casi nunca va de «ya no me gustas».
Cuando no es solo deseo: desilusión, evitación y heridas
A veces el sexo se apaga porque antes se apagó otra cosa. No siempre, pero a veces.
Desamor y desilusión. Hay parejas en las que el deseo se va por decepción acumulada, por resentimiento o porque ya no sentís que os elegís. Desenamorarse rara vez es un momento: suele ser una suma de cosas pequeñas sin hablar. Aquí el sexo no es el problema, es la señal.
Evitar la cercanía. En muchas parejas, una persona se acerca y la otra se aparta, y puede ser cualquiera de las dos. Quien tiene menos deseo evita incluso un abrazo, por miedo a que se interprete como una invitación. Y quien sí quiere, al sentirse rechazado, pide menos o se enfada. Entre los dos se levanta un muro sin que nadie lo haya querido.
Cuando hay heridas. Si hay una historia de abuso sexual o de experiencias muy dolorosas, el cuerpo puede protegerse evitando la intimidad. No es falta de ganas ni de amor: es defensa. Merece acompañamiento profesional con formación en trauma, sin prisa y sin presión.
El móvil en la cama. Pasar horas con el móvil mientras la otra persona está al lado también enfría. Se nota en la sensación de no ser una prioridad. No es la única causa, pero cuesta desearse cuando el otro mira una pantalla.
¿Y si somos jóvenes?
Entonces sorprende más, y es normal que te preocupe. Que a los veintipocos haya poco deseo no es por sí solo un problema, pero sí merece mirarse con calma. Puede haber ansiedad, estrés, medicación, miedo o vergüenza con el sexo, dolor, o algo que no se está hablando en la pareja. Y a veces simplemente es una forma distinta de vivir la sexualidad. Lo importante no es la edad, sino si a alguno de los dos le duele.
Cuando uno quiere y el otro no
Es lo más frecuente. Cada cual tiene su propio nivel de deseo, y que dos personas coincidan siempre sería más raro que lo contrario.
Aquí hay una idea clave de la psiquiatra Rosemary Basson. En un artículo de 2002 propuso que el deseo no siempre aparece antes. A veces nace después de empezar: con una caricia, con un rato de cercanía, con ganas de estar juntos. Es el llamado deseo responsivo.
Esto cambia mucho la pregunta. En vez de esperar a «tener ganas», puedes preguntarte si te apetece intimidad, y ver qué pasa.
Lo difícil es el círculo que se forma. Quien pide se siente rechazado. Quien dice que no se siente presionado. Y cada «no» se acaba oyendo como «no te quiero». Casi nunca es eso, pero así se vive.
Qué puedes hacer
Si vives en una pareja sin sexo, no necesitas una conversación solemne. Mejor varias pequeñas.
- Habla fuera del dormitorio y fuera de la discusión. Un paseo o un café funcionan mejor que la cama a las once de la noche.
- Separa el contacto del coito. Caricias sin meta ni examen. Si no tiene que acabar en nada, es más fácil que empiece.
- Pregúntate qué necesitas para tener ganas. Descanso, ternura, tiempo, menos tareas. Cada persona tiene su respuesta.
- No uses el sexo como termómetro de la relación. Una pareja puede estar muy bien y tener poco sexo. Y al revés.
- Descarta lo médico. Si el cambio fue brusco, consulta con tu médico de cabecera por fármacos, hormonas, dolor o ánimo.
Para seguir leyendo sobre cómo nos vinculamos, tienes mi post sobre por qué seguimos enganchados a una relación que nos hace daño. https://kairospsicologia.com/relacion-que-nos-hace-dano/
Cuándo pedir ayuda
Pide ayuda si pasan meses y a uno de los dos o a los dos os duele. También si hay resentimiento, si evitáis incluso abrazaros, o si el sexo es doloroso. Y si el deseo desapareció tras un suceso difícil.
Ir a terapia, ya sea de pareja o con un enfoque sexológico, no quiere decir que la relación esté acabada. Suele querer decir que os importa lo bastante como para hablarlo con alguien que no juzga.
Una pareja sin sexo no siempre es una pareja rota. Muchas veces es una pareja que ha dejado de hablar de algo importante. Y eso se puede cambiar.
Si este tema te preocupa tanto como a mí, comparte este post con quien lo necesite. O con tu pareja, si te atreves.
Si me necesitas, silba. ♥️💜♥️
Ana Camacho Vidal-Abarca
Psicóloga General Sanitaria · CV15735
Kairós Psicología
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