Antes de nada, agradecer esta maravillosa conferencia de la Dra. Brown en TED. Os paso el enlace con el objetivo de que os guste tanto como a mí. Merece mucho la pena ver el vídeo, lo mío es una simple reflexión/trabajo del máster que estoy haciendo de Infanto-Juvenil (menores).

https://www.ted.com/talks/brene_brown_the_power_of_vulnerability#t-7004

En primer lugar, he de ponerle orden a todo lo que quiero expresar, ya que es bastante. Por un lado, muchas veces me había planteado la idea de cambiar el término paciente por cliente, y después de ver el vídeo, lo he visto claro (o más claro) porque es algo que me ha hecho ir saltando de cliente a paciente con bastante frecuencia. Paciente lo asocio con patología y no siempre es así, y creo que en cierto modo estigmatiza pero, sobre todo, -para mí, no digo que sea lo correcto o no, hablo de manera subjetiva con los valores que me mueven- y cliente tiene una connotación económica. Pues bien, creo que cuando uso paciente en muchos casos se trata de un tema de inseguridad, de falta de confianza y de autoestima, como de querer ponerse galones a costa de otra persona. Así que he decidido asumir que me gano la vida con personas que pagan por mis servicios. Como os podéis imaginar, no soy psicóloga de bata blanca. Si os preguntáis qué tiene que ver todo esto con el vídeo, creo que mucho. 

En ocasiones, muchas, trabajo con personas que no se creen suficiente, no se aceptan tal y como son, no aceptan sus emociones porque es malo estar triste, tener miedo o sentir rabia. Error. A  veces, cuando traen el análisis funcional -tareas para casa en terapia- y me dicen que quieren cambiar un determinado pensamiento, que les ha llevado a sentirse de una manera y actuar de otra (obvio, dependiendo de lo que sea), les propongo no trabajar sobre ello. Es decir, que se acepten, que acepten que es normal estar triste cuando nos sucede algo traumático, algo que nos provoca sufrimiento. Lo que trabajo es la la aceptación. 

Los inputs que nos llegan de la sociedad (no caso del todo con la psicología positiva) es que tenemos que estar siempre perfectos, como decía Brown, sin permitirnos un espacio para otras emociones «malas» porque eso nos hará vulnerables. Lo veo a menudo en terapia. Efectivamente, nos somos auténticos, no somos genuinos porque está mal, según nos «vende» la sociedad, sentirnos de otro modo que no sea algo similar a Buda o el Dalai Lama y eso, nos hace ser o sentirnos vulnerables.  ¿Esto a qué nos lleva? A que nuestros diálogos internos (dirigidos a nosotros mismos) sean realmente duros, incluso crueles. Yo le suelo preguntar a los clientes: «si tu mejor amigo estuviera pasando por lo mismo que tú, ¿qué le dirías?». Me contestan algo más bien amable, amoroso e incluso naif…»Entonces, ¿qué hace que tú te hables  a ti mismo de este modo?». Suele pasar que se les salten las lágrimas. 

El mostrar nuestra vulnerabilidad no nos hace menos fuertes, al revés, es de valientes, de tener coraje,  y no solo eso, sino que nos hace más humanos, y como dice Brown, más hermosos. Desafortunadamente, esto no suele suceder y cuando determinadas emociones no se gestionan bien surgen las envidias, los celos y «gracias» a esto, a sentirnos vulnerables y sentir que vulnerabilidad como algo negativo.

Me gusta mucho buscar la etiología de algunas palabras, y me ha parecido genial que Brown lo haya hecho con la palabra coraje. Desconocía que «cor» es corazón y que coraje, es contar nuestra historia con todo nuestro corazón, desde la aceptación y desde el amor y respeto hacia nosotros mismos y, a partir de ahí, poder aceptar también a los demás con sus imperfecciones, aceptando que nosotros también las tenemos. Creo que entra en juego también la humildad, la humildad para saber reconocer que podemos ser mejores personas, pero que mientras tanto, mientras me trabajo para ello, no hace falta que intente exponer una imagen de mí misma que no es real, que no pasa nada porque en ocasiones me sienta insegura tenga miedo, sienta tristeza e incluso rabia, porque todo esto, es NORMAL.  

Por otro lado, absolutamente de acuerdo con los «daños colaterales» de sentirnos vulnerables, no sentirnos dignos de ser aceptados y mucho menos de ser amados. Esto me hace sonreír (con cierta tristeza) ante la imagen de dos personas y cómo se pasan la pelota para ver quién dice antes un «te quiero» o un «estoy enamorado/a» o «quiero algo serio contigo», nos da vergüenza, nos da vergüenza porque nos sentimos vulnerables y nos da miedo que nos digan «no». Miedo, vergüenza, vulnerabilidad…

En ocasiones, algunas personas me preguntan cómo lo hago para estar siempre bien y feliz. Eso no es para nada cierto, y se lo cuento, les cuento que he tocado fondo varias veces en mi vida. Sin embargo, algo que sí me ayuda muchísimo a estar bien cuando no estoy permitiéndome estar mal, es la gratitud. Agradecer todo aquello que tenemos y que podríamos no tener, y que no valoramos, lo damos por hecho porque sencillamente, está AHÍ. Comer, una  ducha cada día (a elegir la temperatura, todo un lujo, en serio), amar y que nos amen (la capacidad de amar es brutal), mirar, escuchar, tocar y sentir, hablar, caminar (correr ya otro nivel, ;D), ropa, estar sanos, que los nuestros estén sanos, y miles y miles de cosas. Sin embargo, algunas personas esto no lo ven, se obsesionan con lo que no tienen o lo que no son y lo quieren cueste lo que cueste…practicar el agradecimiento es acercarse, en mi opinión, a la paz interior, y ésta nos pone en un lugar próximo a la felicidad. 

El sentir a vulnerabilidad como algo negativo, por esas expectativas que pensamos que tienen los demás de nosotros, y sobre todo, que tenemos nosotros respecto a nosotros mismos, es «caldo de cultivo» para que caigamos en depresión, ansiedad e incluso en adicciones.

Es fundamental expresar a nuestros menores, niños y adolescentes, que se den permiso para ser ellos mismos, desde la aceptación, y que tengan el coraje de contar sus historias desde la realidad, no desde lo que los demás esperan de ellos/as. Lo mismo para los adultos, como es lógico.

Adoro la humildad y el sentido del humor de Brown, cuando nos reímos de nosotros mismos estamos aceptando esa imperfección que nos caracteriza a todos los seres humanos. 

¡Mil gracias, un abrazo!

Ana