Trauma relacional

El trauma relacional no se origina en un hecho aislado, sino en experiencias vinculares repetidas en las que no hubo suficiente seguridad, validación o sostén emocional. Se construye en relaciones donde el vínculo, en lugar de proteger, genera miedo, confusión o inseguridad.

Cuando una persona crece o vive relaciones significativas en las que expresar una necesidad, un límite o una emoción tiene consecuencias negativas —rechazo, culpa, enfado o retirada afectiva—, el sistema emocional aprende a adaptarse para sobrevivir al vínculo.

Con el tiempo, este tipo de experiencias puede dar lugar a dificultades profundas en la forma de relacionarse: miedo al abandono, hipervigilancia emocional, dificultad para confiar, tendencia a priorizar al otro por encima de una misma o sensación persistente de no ser suficiente.

El trauma relacional también se manifiesta como una desconexión del propio sentir. Muchas personas llegan a terapia sin identificar un suceso concreto, pero con una vivencia constante de vacío, confusión, culpa o agotamiento emocional.

En terapia, el trabajo pasa por reconstruir una base de seguridad emocional, revisar las experiencias relacionales que han dejado huella y favorecer nuevas formas de vincularse más seguras y coherentes.

  El objetivo no es revivir el pasado, sino restaurar la confianza en una misma y en la posibilidad de relacionarse sin perderse.