Secuelas de abusos

El abuso sexual no solo deja una herida en el momento en que ocurre. A menudo deja una marca invisible en la forma de relacionarte, de confiar, de ponerte límites, de sentir el cuerpo o incluso de recordar.

No todas las personas recuerdan lo que pasó de forma lineal. A veces la memoria está fragmentada, borrosa o aparece en sensaciones más que en imágenes. Otras veces, la persona tiene recuerdos pero duda de ellos, los minimiza o los cuestiona. Esto no significa que “no te haya pasado”. Significa que tu sistema nervioso hizo lo único que podía hacer para protegerte: disociar.

La disociación no es debilidad: es un mecanismo de supervivencia.

Puede aparecer de muchas formas:

• Disociación emocional: sentir que “no sientes” para poder continuar.

• Disociación corporal: desconexión del cuerpo, adormecimiento, dificultad para percibir sensaciones.

• Disociación cognitiva: recuerdos fragmentados, lagunas, dudas o confusión.

• Despersonalización o desrealización: sentir que no estás en tu cuerpo o que lo que ocurrió no fue real.

Por qué el enfoque debe ser holístico

El abuso no afecta solo a la mente. Afecta al cuerpo, a las emociones, a la memoria, a la identidad, al apego, a la sexualidad, a los límites y a la seguridad interna. Por eso la terapia no puede ser solo cognitiva. Debe incluir cuerpo, emoción, narrativa, vínculo terapéutico, trauma, apego y EMDR cuando el sistema está preparado.

Sanar no es revivir el trauma. Sanar es integrar lo que quedó separado: cuerpo, emoción, memoria y significado.

Qué trabajamos en terapia

• Culpa, vergüenza o responsabilidad no real.

• Miedo al contacto emocional, físico o sexual.

• Dificultad para confiar.

• Autocrítica extrema o sensación de estar “defectuoso/a”.

• Bloqueos en relaciones, intimidad o placer.

• Memoria fragmentada o dudas sobre lo ocurrido.

• Trauma relacional y heridas de apego.

• Hiperactivación o congelamiento corporal.

• Disociación en cualquiera de sus formas.

La terapia para abuso sexual no sigue un ritmo fijo

No empezamos por la historia ni tiramos de recuerdos. Primero creamos un espacio seguro, un vínculo estable y un cuerpo que pueda sostener. Cuando llega el momento adecuado ̶y solo entonces̶ se puede trabajar con más profundidad: a veces con

EMDR, a veces con narrativa, a veces con regulación y presencia.

No es un proceso rápido, pero es profundamente posible. Y no tienes que atravesarlo sin acompañamiento.