Heridas de apego

El trauma no es solo lo que ocurrió, sino lo que tuvo que hacer tu sistema nervioso para protegerte. A veces no viene de un gran evento, sino de pequeñas heridas repetidas, de vínculos inseguros, de crecer sin suficiente sostén o de aprender demasiado pronto a callar, a complacer o a endurecerte para sobrevivir.

El trauma se nota en cómo te relacionas, cómo te defiendes, cómo te vinculas y cómo reaccionas cuando algo te activa, incluso aunque “sepas” que no tiene sentido. No está en la cabeza: está en el cuerpo.

En terapia trabajamos:

• Patrones que se repiten en relaciones

• Inseguridad en el vínculo: miedo al abandono o al rechazo

• Dificultad para confiar, pedir o poner límites

• Heridas de infancia que siguen condicionando el presente

• Vergüenza, culpa o autocrítica intensa

• Reacciones emocionales desproporcionadas

• Partes de ti que quedaron congeladas en un momento difícil

Mi enfoque integra escucha profunda, regulación emocional, trabajo con apego y, cuando es adecuado, EMDR para ayudar al cerebro a procesar experiencias que quedaron bloqueadas.

Sanar trauma no significa repasar una y otra vez lo que ocurrió. Significa comprenderte, darte un espacio seguro y permitir que tu sistema nervioso pueda soltar lo que lleva sosteniendo demasiado tiempo.

No es un proceso rápido, pero es uno de los más transformadores que existen. Y no tienes que atravesarlo sin acompañamiento.