Abuso emocional

El abuso emocional no siempre se reconoce a primera vista. No deja marcas visibles, pero erosiona por dentro, de forma lenta y profunda.

Hablamos de abuso emocional cuando una persona desvaloriza, invalida, manipula o controla a otra de manera continuada. Cuando el vínculo se convierte en un espacio donde uno duda de sí mismo, se culpa de todo o vive en un estado constante de alerta.

El abuso emocional puede aparecer a través de:

  • la crítica constante o el desprecio sutil
  • la manipulación emocional y el uso de la culpa
  • el silencio como castigo o la retirada afectiva
  • la minimización de lo que sientes (“exageras”, “no es para tanto”)
  • la confusión entre amor y sufrimiento

En muchos casos, la persona que ejerce estas dinámicas se coloca en una posición de victimización, invierte los roles y acaba haciendo creer al otro que es responsable del conflicto, del malestar o incluso de lo que está ocurriendo en la relación. Esto genera una profunda confusión emocional, dificulta poner límites y rompe la confianza en la propia percepción.

El impacto del abuso emocional es real: afecta a la autoestima, a la identidad, a la forma de vincularse y a la sensación de seguridad en las relaciones. Muchas personas llegan a terapia sin nombrarlo así, pero con una vivencia clara de desgaste, miedo, culpa o vacío.

 

En terapia, el trabajo pasa por nombrar lo vivido, comprender la dinámica relacional, recuperar la propia voz y reconstruir una relación más segura con una misma y con los demás. Porque nada de esto es debilidad: es la consecuencia de haber intentado amar y sobrevivir al mismo tiempo.